
La langosta marrón que encontramos regularmente en nuestros jardines pertenece más a menudo al suborden de los Ensifera, familia de los Tettigoniidae. Varias especies presentan un color marrón, pero las más comunes en Francia metropolitana son los decostéridos y los folidóptidos, a veces confundidos con los grillos. Su coloración críptica, adaptada a los suelos secos y a las litteras vegetales, explica en gran parte su aparente omnipresencia en los espacios cultivados y en las tierras baldías periurbanas.
Coloración críptica y presión de selección en medio abierto
El color marrón de estas langostas no es un azar taxonómico. Resulta de una presión de selección relacionada con el sustrato: los individuos cuya tonalidad se asemeja a la tierra desnuda, al mantillo o a las hierbas secas escapan más a menudo de los depredadores (aves, lagartos, musarañas). En la zona del jardín, donde predominan las superficies minerales y los macizos acolchados, las morfas marrones se benefician de una ventaja neta en comparación con las morfas verdes, que están más expuestas.
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Observamos que esta selección cromática se acentúa en los jardines del sur de Francia, donde el suelo permanece seco y claro gran parte del año. Las langostas verdes, por su parte, tienden a estar más restringidas a las altas hierbas y a los prados densos donde su camuflaje funciona mejor.
Para entender por qué la langosta marrón es frecuente en tantos contextos, también hay que tener en cuenta la plasticidad ecológica de estas especies: toleran ambientes muy variados, desde el huerto hasta el balcón pasando por los techos vegetales.
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Gestión diferenciada de los jardines y regreso de los ortópteros
El factor más determinante en el aumento visible de las langostas marrones es la transformación de las prácticas de jardinería. La gestión diferenciada, adoptada por muchas colectividades y particulares, deja zonas de hierbas altas, reduce la frecuencia de corte y elimina los tratamientos fitosanitarios. Estos tres parámetros crean un hábitat favorable para los ortópteros.
Menos pesticidas significa más insectos auxiliares, y las langostas forman parte de ellos. A diferencia de los grillos, que son casi exclusivamente fitófagos, las langostas marrones son omnívoras. Consumen pulgones, pequeñas orugas, diversas larvas, lo que las coloca del lado de los auxiliares del jardín.
- Las hierbas altas les proporcionan tanto un refugio contra los depredadores como un sitio de puesta, la hembra hundiendo sus huevos en el suelo blando con su oviscapto.
- Las zonas de maleza o de pradera florecida aumentan la densidad de microfauna de la que se alimentan, lo que favorece su reproducción local.
- La ausencia de tratamientos químicos permite que las larvas sobrevivan en primavera, período crítico en el que son particularmente vulnerables a los residuos de productos fitosanitarios.
El resultado es una colonización rápida de los jardines periurbanos por especies marrones crípticas, mejor adaptadas a las mosaicos de suelo desnudo y vegetación baja que las grandes langostas verdes.
Langosta marrón o grillo marrón: criterios de distinción en el jardín
La confusión entre langostas y grillos marrones sigue siendo frecuente, incluso entre jardineros experimentados. Dos criterios morfológicos permiten una identificación rápida sin material.
La longitud de las antenas es el criterio discriminante principal. En las langostas, las antenas superan con creces la longitud del cuerpo (a veces el doble). En los grillos, permanecen cortas, generalmente no superando la cabeza y el tórax juntos. Un mnemotécnico común: langosta, palabra larga, antenas largas; grillo, palabra corta, antenas cortas.
El segundo criterio se refiere al comportamiento alimentario. Si el insecto que observas se alimenta de otro insecto, es una langosta. Los grillos marrones, por su parte, solo roen vegetales. Esta diferencia también explica por qué las langostas marrones se consideran beneficiosas en un huerto, mientras que los grillos pueden causar daños en los brotes jóvenes.

Confusión frecuente con los grillos
Los grillos de campo y domésticos, también marrones, completan el trío de ortópteros comunes en el jardín. Su cuerpo es más robusto, su cabeza proporcionalmente más ancha, y sus alas se llevan planas sobre el abdomen. Las langostas marrones, en cambio, mantienen sus tegminas dispuestas en forma de techo a lo largo del cuerpo.
Ciclo de vida y estacionalidad de la langosta marrón en Francia
Los adultos son visibles principalmente de julio a octubre, con un pico de actividad en agosto y septiembre. Las hembras ponen en el suelo a finales del verano, y los huevos pasan el invierno en diapausa. Las larvas eclosionan en la primavera siguiente y atraviesan varias etapas ninfales antes de alcanzar la forma adulta.
Cada etapa ninfal se asemeja a un adulto en miniatura sin alas funcionales. Este detalle a menudo engaña a los observadores, que piensan ver una especie diferente cuando en realidad se trata del mismo animal en una etapa de desarrollo anterior. Los juveniles, a menudo más claros, se oscurecen progresivamente a medida que mudan.
Un punto que destacamos: algunas especies de langostas marrones son activas casi todo el año en las regiones mediterráneas, donde los inviernos suaves permiten a los adultos sobrevivir más tiempo. Este fenómeno, acentuado por el cambio climático, contribuye a la impresión de una presencia permanente en los jardines del sur de Europa.
Coexistir con las langostas marrones sin eliminarlas
Eliminar las langostas marrones del jardín sería contraproducente. Su régimen omnívoro las convierte en reguladores naturales de poblaciones de plagas. Algunos ajustes son suficientes si su presencia se vuelve demasiado importante en ciertos cultivos sensibles.
- Mantener una franja herbácea en la periferia del huerto les ofrece una zona de refugio y reduce su concentración en las parcelas cultivadas.
- Evitar el acolchado seco directamente al pie de las plantas jóvenes, ya que constituye un refugio ideal para las langostas que podrían roer las hojas tiernas por la noche.
- Fomentar la presencia de sus depredadores naturales (carboneros, lagartos de pared, erizos) instalando nidos, montones de piedras y pasos de fauna.
Las langostas marrones en un jardín son un indicador fiable de buena salud ecológica del medio. Su presencia señala un suelo vivo, una cadena alimentaria funcional y un uso razonado de insumos químicos. En lugar de intentar alejarlas, recomendamos considerarlas como un barómetro de la calidad ambiental de su espacio verde.